viernes, 26 de diciembre de 2014

Un sueño gris que da color a una vida.


Una vez soñé con una mujer.
Vestía de blanco y lucía de gris, como el resto del espacio que nos rodeaba.
Muda no era, pero no hablaba; prefería las señas, el misterio y sobre todo, intrigar.

Logró mantenerme atento, siempre detrás de ella, porque no admitía que fuese a su lado.
Recorrí por horas todo ese bosque gris, lleno de nada.
Después de tanto, llegué a ver un agujero negro; me lo señala y se aparta. 
Me acerco con temor, algo de allí salía, algo escuchaba. 
Eran llantos, eran risas, eran gritos. Sí, sí, algo había...

Soy yo, pensaba...
Eras tú, respondió la mujer.

- La vida es tan buena, que te dará la oportunidad de desechar los recuerdos malos o tristes; pero tampoco te dejará conservar únicamente los buenos o felices, es una forma de retribución.

- Vaya astucia...

- Todo lo que oyes fuiste tú, ha sido tu pasado, ha sido lo que has vivido. No hay nada actual, ni nada a futuro. Puedes guardarlo en un bolsillo y seguir, o puedes desprenderte y renovarte.

- Por lo general diría que los conservaría...

- Todos dicen eso. La mayoría de las personas tienen ese pensar de que el pasado puede ser convertido en recuerdos que serán almacenados a forma de aprendizaje, guardar los bonitos recuerdos para la posteridad y dejar los errores para no volverlos a cometer. Lo cierto es que todo, de alguna manera queda en nosotros, pero en nuestra mente, eso ya es parte del cerebro.

- ¿Y qué es lo que me estás proponiendo?

- Yo no te propongo nada. Las propuestas te las harás a ti mismo.

- No entiendo.

- Puedes seguir viviendo con el corazón retorcido por tanta mala energía, pensando que así se hará más fuerte y al final será mejor, dándote cuenta tarde o temprano que fue un error. O darle un respiro a todo tu interior.

La mirada se me perdió, comprendí que esa oscuridad estampada en un vacío gris era mi vida.
Al reaccionar, la mujer estaba caminando. Tuve de inmediato una sensación de vértigo tal que supe que no la iba a alcanzar. Sin embargo, intenté, intenté y seguí intentando.

El resultado, es que desperté empapado en fiebre y sudor a las 3 de la madrugada
los labios como una lija, los ojos ardientes y con taquicardia.

Soñé durante noches consecutiva con la misma mujer de piel gris, vestido blanco y pelo negro.
Después de mucho pudo darme cuenta que sus ojos eran tan grandes y negros como el agujero de mis recuerdos.
Durante esos sueños, solo estábamos parados alrededor del agujero, sin decir una sola palabra, y siempre la sensación repentina del vértigo me hacía saber que ya era hora de salir de ese lugar y despertaba a la misma hora, de la misma forma.

Me entregué a la soledad, la mirada se me iba y solo podía pensar en aquella mujer...
 ¿Quién carajo era? Me preocupaba más en saber eso que en qué iba a hacer con mis recuerdos.
Estaba afectado por todas las noches sin buen dormir, por tantos cigarros consumidos, por tantas tazas de café para mantenerme despierto. Estaba débil.

Después de tanto, volví a soñar con el espacio gris.
No estaba la mujer, solo estaba el agujero, me había aprendido el camino en ese montón de nada.
Me quedé por largo rato, caminando de un lado a otro, pensando en cómo le diría a la mujer mi decisión, y desesperado por su pronta llegada.
Pero nunca apareció... ¿Será que sabía lo que iba a decir?
Estaba exhausto ya... mi cuerpo ya no podía con un sueño más.

Le di la espalda a aquel agujero negro con tantos sonidos, tantos llantos, tantos nombres, tanta rabia...
Cerré los ojos, respiré profundo...
Desperté viendo el techo, temblando de frío y sucumbí al arte de dormir sin nada más que soñar...

Desde entonces, mi piel ha estado sufriendo cambios. Se ha estado despedazando, me ha hecho ver raro... como una serpiente mudando de piel. Interpreté aquello como la renovación que mi alma necesitaba.

Por un pedazo de piel desprendida... un yo más nuevo que el anterior.

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